Ignorar duele, que te ignoren duele mas.
Afuera llueve,
y la lluvia rebota sobre los tejados,
sobre los coches,
sobre los charcos.
Gris mañana,
que no me despiertas
con el brillo del sol,
acunando mis ojos
bajo la almohada.
La sensación de despertar
y no encontrar a mi lado
tu cuerpo desnudo
es sofocante.
Cierro los ojos y pienso
en no pensar,
y me pierdo.
Me encuentro bajo las sábanas,
en posición fetal,
mordiendo de rabia mis rodillas.
Me obligo a salir de la cama,
miro por la ventana
y tengo la sensación de tenerte sobre mi espalda,
abrasándome,
mirando conmigo.
Voy a la pocilga que tengo por cocina
desde hace casi una semana.
Desayuno más vivo que nunca;
el dolor duele,
y más cuando estás vivo.
Este es el quinto corazón
que entra en estado terminal.
Suena el teléfono,
veo tu nombre en la memoria
y dejo hablar al contestador.
El corazón late deprisa;
las heridas putrefactas
comienzan a abrirse
como una flor de loto.
Y suspiras y lloras,
y lloras y suspiras.
Balbuceas, gritas
y hasta te oigo patalear
como una quinceañera.
Te calmas y cuelgas.
Te maldigo una, dos y cuatro veces más.
¿Por qué naufragar en un mar de hipocresía sin sentido?
¿Y por qué darle sentido a lo que no siente?
¿Por qué seguir por lo que no avanza?
¿Por qué perder la paz para entrar en batalla?
Comentarios
Publicar un comentario
comentarios