A Mama

 A través de mis palabras, deseo expresar el profundo duelo y dolor que he sentido desde que perdí a mi amada madre hace casi una década. Cada día, su ausencia se hace más evidente, y el vacío que dejó en mi corazón aún se siente con intensidad.

Mi hijo mayor, aquel que era la luz de los ojos de mi madre, ha sido un consuelo y un recordatorio constante de su amor incondicional. Desde el momento en que llegó a este mundo, vi en sus ojos la chispa de alegría que tanto amaba mi madre. Aunque ella no pueda estar presente para verlo crecer y convertirse en el hombre que es hoy, su influencia se hace sentir en cada uno de sus logros y en su carácter amoroso.

Sin embargo, siempre me duele en lo más profundo de mi ser el hecho de que mi madre no haya tenido la oportunidad de conocer a mi hijo menor. A menudo, imagino cómo habría sido verla abrazarlo y escuchar su risa contagiosa llenar la habitación. Me entristece pensar en los momentos especiales que se han perdido, en los abrazos no dados y en las palabras de sabiduría que nunca pudo compartir.

Pero a pesar de todo, encuentro consuelo en el amor y el legado que mi madre dejó atrás. Su memoria vive en cada uno de nosotros, y a través de las historias que compartimos, mi hijo menor conocerá a su abuela de corazón y espíritu. Aunque nunca podrá reemplazar su presencia física, estamos determinados a mantener su recuerdo vivo y transmitir su amor de generación en generación.

En los momentos de tristeza y anhelo, cierro los ojos y siento su abrazo reconfortante envolverme. Aunque el tiempo siga avanzando y la vida continúe su curso, siempre llevaré conmigo el amor y los recuerdos que compartimos. Mi madre vivirá eternamente en mi corazón, y cada vez que miro a mis hijos, sé que su legado perdurará en ellos también.

Así, a través de estas palabras, honro el duelo y el dolor que aún siento por la pérdida de mi madre, mientras celebro la bendición de haber tenido su amor y poder transmitirlo a las generaciones venideras. En cada sonrisa de mis hijos, encuentro un destello de su espíritu, y en cada lágrima derramada, encuentro la dulzura de los recuerdos compartidos. En honor a su memoria, seguiré amando, recordando y viviendo, sabiendo que ella siempre será mi madre, mi guía y mi eterna luz en la oscuridad.




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