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El Capitan

El Capitán no tenía parche en el ojo ni pata de palo, tampoco un ave al hombro ni un botín escondido en alguna isla remota. No era ese tipo de capitán. Navegaba mares distintos, en los que el viento traía versos perdidos y las olas teñían las sonrisas de verde jardín. Miró una foto que el tiempo había dejado entre las páginas de un libro. No sabía cuándo la había guardado, pero ahí estaba, atrapando un instante que aún latía dentro de su pecho. Recordó aquella puesta de sol en Madrid, el reflejo dorado tiñendo las calles, y tus labios envenenando los suyos con la calma de un beso que sabía a despedida. El sol se apagaba lento, escondiéndose bajo la falda de la noche, mientras la luna, orgullosa y altiva, se alzaba con su ejército de estrellas. Recordó cómo pelearon juntos contra las nubes que amenazaban con arruinar la historia que aún no querían dejar de escribir. Pero las batallas no son eternas y, cuando menos lo esperaba, el destello de tus ojos se perdió entre sombras. Y al des...

¡ Quizás nos confundimos al pensar que lo prohibido era la Fruta!

Quizás nos equivocamos al creer que lo prohibido fue solo una fruta en la mano de Adán. Tal vez el verdadero pecado fue el amor, y por eso nos condenaron, no al sufrimiento, sino a la insoportable felicidad de sentir demasiado. Quizás no tengo las palabras exactas, ni una forma precisa de explicarlo, porque hay cosas que no caben en un puñado de frases. Quizás el mañana nos traiga un día mejor, uno donde no tengamos que dudar de lo que sentimos, donde podamos querer sin límites, sin miedo, sin prohibiciones. Quizás los cuentos de hadas no eran tan mentira después de todo. Quizás este castillo, este final, esta historia, siempre fue real. Quizás lo único que hicimos fue atrevernos a creer en ella.

Difícil dejar el Nido

Lloré lo que nunca había llorado, dudé como nunca había dudado. No es fácil dejar atrás a los amigos, la familia, todo lo que conoces. Es tu lugar, joder. Pero hay momentos en los que te das cuenta de que ya no encajas, de que algo dentro de ti se oxida. Y cuando eso pasa, cuando el aire se vuelve tan denso que apenas puedes respirar, lo único que queda es irse. A veces, las cicatrices del pasado pican demasiado fuerte, no te dejan sentir las malditas mariposas en el estómago. Así que hay que buscarlas en otro lado. Hay que moverse, hay que largarse antes de que el cuerpo se acostumbre a vivir sin sentir.

Aquí

Tomé una última copa y tiré la corbata como quien se saca un nudo del cuello. Ahora que soy libre, me siento más importante, aunque en realidad no haya cambiado nada. La cabeza me explotó en pequeñas prosas, agarrando palabras al vuelo como si fueran hojas secas en otoño. Salí a pedalear sin rumbo, porque al final todos los caminos llevan a Roma, o al menos eso dicen, así que me quedé más tranquilo. El sol brillaba sobre la copa de los árboles, filtrándose entre las ramas y las hojas como si el mundo estuviera jugando a iluminarme solo a mí. Su calor se pegó a mi piel, y en ese instante entendí que no hacía falta seguir pedaleando. No había ningún otro lugar al que ir cuando todo lo que necesitaba estaba justo aquí.

Corazón

El cenicero está lleno otra vez. Un cuentagotas de cigarrillos consumidos por las horas de la noche, por las conversaciones que nunca llegan a nada, por el humo que se pierde en el aire como todo lo que hemos dicho. Tic-tac, los minutos pasan, tic-tac, mi pulso se acelera. La música sigue girando de fondo, pero no sé si es el disco o mi cabeza dando vueltas. Te miro moverte de un lado a otro. Encendés otro cigarro y yo sigo sin entender por qué tanta impaciencia, tanta necesidad de ocultarte detrás del humo. ¿Qué es lo que intentás decir sin decirlo? Si querés dejarlo, decilo. Así, sin más. No te escondas entre el smog de cada calada. Yo también estoy perdido, pero al menos me quedo quieto. Me siento a pensar, prendo otro cigarro, te miro. No pienses que deliro solo porque hablo y vos no querés escuchar. Ese es el problema, ¿no? No escuchás, no entendés, o simplemente no te da la gana reaccionar. Lo único que te interesa es ser vos, y lo demás te da igual. Nunca te preguntaste cómo es ...

Noche en tu cuerpo, Luna en el mio

Como un jinete sin destino, cabalgaré hasta el final de tu ira, avanzando al ritmo irregular de un reloj roto, marcando el tiempo a su antojo, sin lógica, sin equilibrio. Tus ojos se abrirán de golpe, paralelos a un eclipse, encontrándose con mi cuerpo como si en él ardiera la última verdad. Serás un arcángel insurrecto, iluminando mi condena con la furia de quien no teme arder. Serás el coral de mi arrecife, la calma antes de la tormenta, esperando la batalla que se librará entre vientos y mareas, entre cuerpos y sudor. Tu cabello, una brisa esbelta, rozará mi pecho como un presagio, y tu piel, un capullo de seda, se erizará en mis manos con la precisión de un secreto revelado. Tu néctar se convertirá en oasis, un espejismo que nos ahogará en su promesa. Y cuando la lujuria estalle, pintará invenciones de colores sobre nuestra piel. De tus brazos brotará un último aliento, un apretón firme en mi cuello, suplicando que no me rinda. Y si es necesario, moriremos de pie, con los dedos ent...

PASOS

El tiempo dejó de tener sentido, se enredó en mis pensamientos como un calendario roto. No sé si hoy fue ayer o si mañana ya pasó, si estoy avivando el fuego o ahogándolo en el mar. No sé si quedarme contigo en la sala y fingir que todo está bien o arrastrarte a la cama y dejar que la duda se queme en la piel. No sé si estornudar o decir "hachís" para disimular que todo esto me está volviendo loco. No sé a qué saben tus besos, si al tabaco de siempre o a algo que nunca termino de entender. No sé si tus manos van a liarse con las mías o si simplemente voy a despertar y descubrir que todo esto fue un mal sueño.