Perdí mi gravedad y con ella mis ataduras mas absurdas
ahora puedo caer al cielo cuando quiera
sin tener que esperar a que un dios o un ignorante me lo prohíba.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ventanas: El deseo es un cuchillo apoyado contra el vidrio. Parte 1

Palomas en Madrid

Ni vos sos un milagro, ni yo una causa perdida. Pero acá estamos. (Parte II)