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Promo - SANGRE Y SILENCIO

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Prologo El peso del poder El poder es una jaula con barrotes de oro. Al principio deslumbra, embriaga, te hace sentir invencible. Susurra en tu oído promesas de inmortalidad, de grandeza. Te miente. Y cuando por fin entiendes la trampa, ya es tarde. Los cerrojos están echados. La puerta no se abre. No hay gloria en el poder. No es libertad. No es control. Es una soga que se cierra alrededor del cuello con cada movimiento. O pisas, o te pisan. O comes, o eres devorado. Los que manejan los hilos no gritan. No amenazan. No necesitan ensuciarse las manos. Te sonríen desde la pantalla. Hablan de estabilidad, de progreso. Te hacen creer que hay reglas. Y sí, las hay. Pero no para ellos. El poder es una máquina de triturar carne. Los engranajes giran, sin importar cuánta sangre los cubra. Nadie llega a la cima sin dejar un cementerio bajo sus zapatos. Patricia Sáenz creyó que era diferente. Que su apellido la protegía. Que podía desafiar a los hombres que dirigían la partida sin pagar las...

Buenos días, Valencia

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El sol se cuela sin pedir permiso por las rendijas de la persiana. No entra con violencia, sino con esa dulzura de quien conoce bien la casa. Recorre los muebles con dedos de luz, como quien acaricia un cuerpo dormido. Son las 6:45. El despertador pita una vez, luego otra. No lo apago. Dejo que suene mientras escucho el primer silbido de los pájaros. Afuera, la ciudad bosteza. Las ventanas se abren. El panadero enciende su horno. La señora del tercero ya tiende la ropa. La brisa entra, ligera, trayendo consigo el perfume de los naranjos. Un aroma que no necesita exagerar para quedarse. Valencia huele a eso en primavera: a fruta recién cortada y promesas sin estrenar. No hay ruido todavía. Solo el murmullo de las persianas subiendo, el aleteo de alguna paloma despistada, y ese silencio tibio que la ciudad regala antes de ponerse de pie. Camino descalzo por el salón, abro el ventanal y dejo que la mañana me hable. No dice mucho, pero basta. La luz acaricia mi cara. Me recuerda que sigo a...

antología - La huella del Silencio - Diversidad Literaria

el siguiente relato no esta incluido en la antología. solo es un relato escrito para promocionar la antología - LA HUELLA DEL SILENCIO -. Escrita por: Mario Sergio Martínez; Sofía España Climent; Sergio Franco Zamora; Marian Romero Gil; Asel Asensio; Facundo Sosa; Leonor Tomás Tomás; Asia García García.  ©Este relato fue totalmente creado para una promoción. Todo parecido a la realidad es pura coincidencia.  PUEDES CONSEGUIR LA ANTOLOGIA HACIENDO CLICK AQUI Participa de este CROWDFUNDING Y AYUDANOS A CUMPLIR NUESTRO OBJETIVO Y PIDE TU EJEMPLAR. La Antología Maldita...  Diversidad Literaria anunció la convocatoria como si fuese una más, de esas que se publican casi en automático y que rara vez despiertan algo más que una ceja levantada o un bostezo disfrazado de interés. Y, sin embargo,  La huella del silencio  tenía algo distinto. Nadie supo decir qué era exactamente, pero lo cierto es que los ocho autores seleccionados lo sintieron al instante, como si una part...

Diversidad Literaria - Antologia

 Hola amigxs! Me paso a contaros que tengo el placer de participar en un proyecto de la EDITORIAL "DIVERSIDAD LITERARIA" junto a otros 7 autores. El libro se llamara - LA HUELLA DEL SILENCIO - AQUI LES DEJO EL ENLACE DE COMPRA. https://www.diversidadliteraria.com/la-huella-del-silencio como siempre, gracias por el apoyo.

Un libro que susurra cuando el mundo grita

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Hay libros que uno escribe para contar una historia, y hay otros que nacen porque el silencio necesita un lugar donde quedarse. Los Cuentos Zen del Libro Rojo de los Buenos Pensamientos  pertenece a esa segunda categoría. No fue un proyecto planificado: fue un susurro persistente que pedía ser escuchado. Durante años conviví con la velocidad de la vida moderna, con la necesidad de producir, de estar siempre “haciendo algo”, de responder a todo menos a mí mismo. Y en ese ruido, empecé a escribir historias que hablaban de lo contrario: del arte de detenerse, del valor de la lentitud, de la sabiduría de lo simple. Este libro es un jardín de cuentos. Cada relato es una pequeña lámpara encendida en mitad de la noche, una piedra arrojada al lago de la conciencia, una flor que crece entre las grietas del asfalto. No busca imponer enseñanzas, sino invitar a la reflexión. No pretende aleccionar, sino acompañar. Lo escribí pensando en los niños que fui y que somos. En los adultos que todavía...

El Capitan

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El Capitán no tenía parche en el ojo ni pata de palo, tampoco un ave al hombro ni un botín escondido en alguna isla remota. No era ese tipo de capitán. Navegaba mares distintos, en los que el viento traía versos perdidos y las olas teñían las sonrisas de verde jardín. Miró una foto que el tiempo había dejado entre las páginas de un libro. No sabía cuándo la había guardado, pero ahí estaba, atrapando un instante que aún latía dentro de su pecho. Recordó aquella puesta de sol en Madrid, el reflejo dorado tiñendo las calles, y tus labios envenenando los suyos con la calma de un beso que sabía a despedida. El sol se apagaba lento, escondiéndose bajo la falda de la noche, mientras la luna, orgullosa y altiva, se alzaba con su ejército de estrellas. Recordó cómo pelearon juntos contra las nubes que amenazaban con arruinar la historia que aún no querían dejar de escribir. Pero las batallas no son eternas y, cuando menos lo esperaba, el destello de tus ojos se perdió entre sombras. Y al des...

¡ Quizás nos confundimos al pensar que lo prohibido era la Fruta!

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Quizás nos equivocamos al creer que lo prohibido fue solo una fruta en la mano de Adán. Tal vez el verdadero pecado fue el amor, y por eso nos condenaron, no al sufrimiento, sino a la insoportable felicidad de sentir demasiado. Quizás no tengo las palabras exactas, ni una forma precisa de explicarlo, porque hay cosas que no caben en un puñado de frases. Quizás el mañana nos traiga un día mejor, uno donde no tengamos que dudar de lo que sentimos, donde podamos querer sin límites, sin miedo, sin prohibiciones. Quizás los cuentos de hadas no eran tan mentira después de todo. Quizás este castillo, este final, esta historia, siempre fue real. Quizás lo único que hicimos fue atrevernos a creer en ella.

Difícil dejar el Nido

Lloré lo que nunca había llorado, dudé como nunca había dudado. No es fácil dejar atrás a los amigos, la familia, todo lo que conoces. Es tu lugar, joder. Pero hay momentos en los que te das cuenta de que ya no encajas, de que algo dentro de ti se oxida. Y cuando eso pasa, cuando el aire se vuelve tan denso que apenas puedes respirar, lo único que queda es irse. A veces, las cicatrices del pasado pican demasiado fuerte, no te dejan sentir las malditas mariposas en el estómago. Así que hay que buscarlas en otro lado. Hay que moverse, hay que largarse antes de que el cuerpo se acostumbre a vivir sin sentir.

Aquí

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Tomé una última copa y me arranqué la corbata como quien se quita un nudo de la garganta. Libre, o algo que se le parece. No había pasado nada, pero la importancia me corría por dentro como si el mundo me debiera una reverencia. La cabeza explotaba en pequeñas prosas, palabras que cazaba al vuelo como hojas secas en un otoño sin reloj. Salí a pedalear sin rumbo, porque al final todos los caminos llevan a Roma —eso dicen— y por un momento quise creerles, solo para quedarme tranquilo. El sol atravesaba las copas de los árboles, filtrándose en destellos que parecían buscarme a propósito. Su calor se pegaba a la piel como un recordatorio sencillo: no hace falta ir a ningún lado. No cuando lo que busco —lo que importa— ya estaba aquí, esperándome sin mapas ni despedidas.

Corazón

El cenicero está lleno otra vez. Un cuentagotas de cigarrillos consumidos por las horas de la noche, por las conversaciones que nunca llegan a nada, por el humo que se pierde en el aire como todo lo que hemos dicho. Tic-tac, los minutos pasan, tic-tac, mi pulso se acelera. La música sigue girando de fondo, pero no sé si es el disco o mi cabeza dando vueltas. Te miro moverte de un lado a otro. Encendés otro cigarro y yo sigo sin entender por qué tanta impaciencia, tanta necesidad de ocultarte detrás del humo. ¿Qué es lo que intentás decir sin decirlo? Si querés dejarlo, decilo. Así, sin más. No te escondas entre el smog de cada calada. Yo también estoy perdido, pero al menos me quedo quieto. Me siento a pensar, prendo otro cigarro, te miro. No pienses que deliro solo porque hablo y vos no querés escuchar. Ese es el problema, ¿no? No escuchás, no entendés, o simplemente no te da la gana reaccionar. Lo único que te interesa es ser vos, y lo demás te da igual. Nunca te preguntaste cómo es ...