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Yupilandia

Bienvenidos a  Yupilandia , parque temático del cinismo y de la mentira elegante. La realidad aquí es un chiste malo contado por idiotas que aplauden su propio vacío. Todo está al revés y nadie lo nota, porque todos andan demasiado ocupados fingiendo que entienden cómo funciona este circo. Los niños duermen en las calles de Marsella, Madrid, Buenos Aires o Nueva York, pero eso no entra en las postales ni en las campañas políticas. Los dueños del mundo viajan en autos que valen más que una vida entera, posan en carteles con sonrisas de quirófano y no recuerdan lo que es tener hambre. En Yupilandia, los inmigrantes “roban trabajos”, pero nuestros hijos se largan a otros países “en busca de oportunidades”. Cuando somos nosotros los que emigramos es mérito; cuando lo hacen ellos, es invasión. Los maestros exigen respeto pero odian enseñar. Los alumnos van a calentar sillas, porque pensar cuesta y obedecer paga. Si alguien se sale del libreto, lo llaman problema. Si sabe demasiado, es a...

DIAS D

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Apagué la radio; el cigarro terminó de consumirse en el cenicero y me quedé ahí, mirando la pared como un imbécil. Saqué los días D de la cabeza porque cada maldito recuerdo tuyo me deja en pausa, atrapado en un limbo de mierda donde nada avanza y todo pesa. Me quedo solo, la mente en blanco, el vacío mirándome de vuelta como si se burlara de mí. Y cuando te pienso en jornadas como esta, con el pecho hecho un desastre y ardiendo con cada trago barato que intento usar para sacarte de las entrañas, vuelven las imágenes: tú en el aeropuerto, los ojos vidriosos, la voz clavada en la garganta, el alma hecha pedazos mientras el mundo seguía girando como si nada. Como si no nos estuviéramos quebrando justo en el maldito centro del universo. Aturdida. Atónita. Jodidamente irremplazable. Y yo, demasiado consciente de que ya no hay vuelos de regreso.

Ellos

Se acerca con la intención de un beso fugaz, un roce leve, una despedida sin estridencias. Pero la tentación es más fuerte. Sus labios se encuentran y, antes de que pueda evitarlo, el impulso se convierte en hambre. Muerde su boca, y la respuesta llega de inmediato. Un mordisco de vuelta, una rendición mutua al deseo que se enreda entre sus cuerpos. Sus manos rodean su rostro, los dedos presionan con la urgencia de quien teme perder algo irremplazable. Y en ese instante, la certeza lo golpea con la intensidad de un vértigo desconocido. Está enfermo, está roto, está atrapado en la necesidad de tenerla cerca. No es solo deseo. Es algo más profundo, más oscuro, más imposible de controlar. Ella sonríe, pero no retrocede. No se aparta, no le pone fin a la locura. La comparte. Sus labios siguen encajados con los suyos, sus manos firmes en su rostro, como si soltarlo fuera la única amenaza real. No busca nada. No necesita nada. Y, sin embargo, lo tiene todo. Él tampoco buscaba nada. Y, sin em...

Tristes, tristes vidas en casa, pobres almas en la calle.

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El camino se extendía ante él, interminable, una línea difusa entre la realidad y el deseo. La luna brillaba en la distancia, inalcanzable, tentadora, un faro suspendido en la inmensidad de la noche. Cada paso lo acercaba, o eso quería creer. Pero el horizonte nunca cedía, nunca permitía que sus dedos rozaran aquello que había soñado tantas veces. El tiempo se volvía espeso, arrastrándolo en un vaivén de incertidumbre. ¿Era posible que algunos caminos no tuvieran final? ¿Que la promesa de alcanzar la meta no fuera más que una ilusión, un espejismo dibujado en la negrura del cielo? El pueblo quedaba atrás, sus sombras largas se difuminaban en la penumbra. Las calles que antes parecían estrechas y opresivas ahora eran solo un recuerdo. Los besos que había dejado en algunas mejillas se evaporaban como polvo en el viento, fugaces, pasajeros. Aquí, las palabras corrían más rápido que los cuerpos, los rumores viajaban antes que las verdades, y las lenguas se enredaban en cuentos que nadie pi...

Instrucciones para Volar

En ocasiones, el universo puede ser un poco ciego y tal vez sordo a nuestras palabras o a nuestro llanto. El mundo y el espacio que nos rodea pueden dejar de existir, como el tiempo de los peces que terminan en peceras. El espacio libre y amplio en tu tiempo y en tu esencia es necesario para complementar esa armonía vital entre el cuerpo y la mente, para poder mantener viva el alma. Cerramos los ojos y respiramos hondo y suavemente por la nariz, dejamos que el aire nos llene, que la existencia se expanda en nuestro interior como un océano sin bordes. El latido del corazón resuena en el pecho, un recordatorio de que aún somos, de que aún estamos. Y aunque el universo guarde silencio, aunque parezca no escuchar, seguimos respirando, seguimos sintiendo, porque en cada inhalación existe la posibilidad de que el destino nos escuche en su propio idioma.

EL INFIERNO DIVINO

 El clímax llegó con el crujir de sus huesos, con el eco de un sol desplomándose en el vacío. No hubo gloria, solo el peso de la condena sobre la piel, el frío del mármol que alguna vez creyó cálido. La carne se convirtió en ceniza antes de que pudiera saborearla por completo, antes de que sus manos terminaran de aferrarse a un cuerpo que nunca fue suyo. Los labios fueron tormenta, una fiebre devoradora que lo arrastró hasta un infierno donde el placer y la pena eran la misma cosa. No hubo redención en su aliento, solo un castigo disfrazado de deseo. Se hundió en él como quien naufraga en un océano inexistente, atrapando con los dedos el vacío, esperando encontrar algo que nunca estuvo allí. No quería idolatrarla, pero su piel llevaba la huella de los dioses olvidados. Estaba hecha de mármol y silencio, de nombres que resonaban en la memoria de un mundo que ya no existía. Y él, condenado a perseguir mitos, creyó que podría atraparla antes de que la luz de las estrellas se apagara. ...

EL ARTE DE APRENDER

Buscamos eternamente, de cierta manera, la forma de estar en lo correcto o de cierto modo, aunque para algunos más y otros menos. El interés por saber. Cuando realmente no nos interesamos por lo más básico, que es querer aprender a aprender. De la misma forma en que no nos preocupa eso, tampoco nos preocupa la manera en que lo transmitimos, y automáticamente desvalorizamos el conocimiento adquirido. Tenemos que ser conscientes de la forma en que compartimos nuestros valores con nuestras familias, amigos y allegados, pero, sobre todo, con los más pequeños, sea cual sea el ámbito y la relación que tengamos con ellos. Dar ejemplo no es solo un acto, sino una responsabilidad. La percepción que los niños formen sobre la sociedad dependerá, en gran parte, de los cimientos que les brindemos. No basta con decir lo correcto; hay que vivirlo, encarnarlo, convertirlo en acciones diarias. Las palabras inspiran, pero los actos forjan. Y en esa forja, en ese molde invisible que vamos dejando en los ...
Tiempo al tiempo, dicen por ahí, y yo, paciente, espero. Detallo cada una de las partes equilibradas que encuentro en el paso de los días y fragmento cada partícula irregular que descubro en las historias que me trae el viento. Recojo susurros en la brisa, destierro el caos de los relojes y dejo que el azar dibuje caminos sobre la arena movediza del destino. No corro, no huyo, no empujo al tiempo, solo lo observo danzar en círculos, tejiendo su trama invisible, esperando el instante en que todo encaje, o tal vez, en que nada importe.
Madurar no es perder originalidad, abre las alas y despega tranquilo. Dile a tu chica que sea escaso el equipaje si pretende saltar contigo. ¿Para qué paracaídas, si el vértigo es parte del viaje? Si el viento nos desordena, pero también nos enseña a volar. Que el miedo no pese más que el deseo, que el cielo no sea un techo, sino un destino. Saltamos sin promesas, sin certezas, pero con el alma ligera, dispuestos a caer, o a aprender a volar en el intento.

SOMBRAS EN HUMO

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Me quema el impulso, los labios, la piel, y hasta en tu propia presencia me quemé y me enredé. Te arropé bajo mis alas y del juicio me olvidé. Te dejé investigar mis olvidos más profundos, te dejé corromperme, descerebrarme y volverme a crismar. Amanecimos enmarañados, con la tertulia de gemidos haciendo eco en las cabezas. Dos cigarrillos después ya estábamos dormidos. Pero el alba nos halló dispersos, con el humo flotando en silencios densos. Las cenizas aún tibias en el cenicero y la certeza en la piel: fuimos fuego, fuimos carne, fuimos olvido y renacer.