Madurar no es perder originalidad,
abre las alas y despega tranquilo.
Dile a tu chica que sea escaso el equipaje
si pretende saltar contigo.

¿Para qué paracaídas,
si el vértigo es parte del viaje?
Si el viento nos desordena,
pero también nos enseña a volar.

Que el miedo no pese más que el deseo,
que el cielo no sea un techo, sino un destino.
Saltamos sin promesas, sin certezas,
pero con el alma ligera,
dispuestos a caer,
o a aprender a volar en el intento.

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