EL ULTIMO ARLEQUIN

Nunca fui de salir tanto,
fui más bien de volver poco,
y convertía cada loco en mi arlequín,
danzando entre sombras y risas rotas.

Caminé senderos de tinta y humo,
dejé huellas en la brisa y olvidé regresar.
Mis pasos eran ecos sin dueño,
y mi voz, un susurro en la madrugada.

Nunca fui de buscar refugio,
más bien de perderme a propósito,
de hacer del abismo un escenario
y de la soledad, mi propio carnaval.




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